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Historia del Movimiento Scout - Parte III

El campamento en la isla de Brownsea

El campamento en la isla de Brownsea

Por su éxito en Mafeking, Baden-Powell ganó fama y la reina lo ascendió a mayor general a los 43 años. De regreso a Inglaterra, comentó el impacto que produjo en él la situación de los jóvenes de su país: dos millones de jóvenes entre 10 y 17 años, un poco inútiles y sin un sentido para sus vidas. Desadaptados, enfermos, flojos, constituían un problema social importante.

Por su cargo en el Ejército visitó varios países y tomó contacto con las modernas experiencias y tendencias en educación. En un artículo que escribió para la revista de las Boys Brigades, trazó unas líneas que resultarían fundamentales: “...todo educador debe ayudar a los muchachos a formar su carácter y a desarrollar en ellos el espíritu de servicio a los demás. El método que yo aconsejo para lograr esta meta e aprovechar su natural curiosidad para acostumbrarlos a la exploración. El conocimiento de la naturaleza les reportará el agrado de vivir y en la observación atenta de las personas descubrirán la necesidad de prestarles ayuda”.

En 1907, Arthur Pearson, magnate editor de libros y diarios para quien Baden-Powell había escrito algunos artículos sobre su método de educación para niños y jóvenes, le lanzó un desafío señalándole que se necesitan hechos más que ideas o palabras. Le sugirió poner en práctica su método y si los resultados fueran buenos, la influencia de Pearson estaría a su disposición para difundir estas experiencias a escala nacional.

Y finalizando julio de 1907, en la pequeña isla de Brownsea, tuvo lugar el primer campamento scout. Durante 10 días, un grupo de poco más de 20 jóvenes entre 12 y 17 años, con elementos simples, se organizaron en 4 patrullas y pusieron en práctica un sencillo programa de actividades: levantarse temprano, practicar ejercicios físicos, preparar su propia comida, recorrer la naturaleza, observar animales y pájaros, emprender grandes juegos, levantar rústicas construcciones, aprender nudos y amarres, compartir una fogata, entonar canciones, escuchar viejas historias, elevar una oración. Al despedirse, los pequeños grupos se comprometían pronunciando una pequeña promesa redactada por Baden-Powell.

Así como Mafeking había puesto de relevancia el valor del servicio, Brownsea había destacado la trascendencia del retorno a la vida en naturaleza, la que había demostrado que producía hábitos de sacrificio y generosidad; que obligaba a la ayuda mutua, a descubrir la importancia de la solidaridad; que generaba humildad y fortaleza, que volvía a los jóvenes amables. Les había dado la oportunidad de descubrir que sus vidas podían ser atractivas y útiles.

 

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